En el jardín de la emperatriz.
Te sientas en tu trono con las piernas abiertas, complaciente, permitiendo que entre toda la energía que ha de penetrar en ti, denotando confianza y majestuosidad. Con dulce elegancia sujetas tu poder, que descansa ligeramente sobre tu brazo izquierdo y con tu brazo derecho sujetas con gracia tu estandarte, tu escudo,a un lado, sin ocultar nada, dejando tu semblante al descubierto. La cinta que rodea tu cintura esta por debajo de tu pecho, otorgando total libertad a lo que gestas en tu vientre y un collar des-holgado adorna tu cuello con preciosos motivos ancestrales. Tu esbelto cuello, se alza como el de un cisne, largo, fino y bello. Tu rostro con grandes ojos y una mirada llena de luz, dirigida ligeramente hacia el horizonte ya experimentado. Tu cabellos medianamente largos caen libremente sobre tus hombros, sin ocultarla y en tu cabeza llevas una corona creativa y armoniosa. El trono son tus alas sobre las que descansas y con tu calor deshielas para alzar tu vuelo, como el águila de tu escudo, símbolo de tu fuerza, listo para volar.
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